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peninsula inmobiliaria

 

Peninsula inmobiliaria

 

La sociedad que hemos construido en torno a nosotros se caracteriza principalmente por su estado cambiante. El paso del tiempo ha ido conformando las ciudades a nivel estructural, las vías de conexión entre ellas, sus infraestructuras industriales y tecnológicas,…pero también el ritmo al que están sometidos sus habitantes, el fluir vital cotidiano y los sistemas de comunicación entre ellos. Nuestra situación como piezas de esta sociedad, nos ha empujado en diversas ocasiones a revelarnos contra lo establecido, encontrándonos en la diatriba de tener que poner freno de alguna manera a ese fluir estructural de crecimiento, por tratarse de algo antinatural e innecesario.

En este caso, el crecimiento urbanístico de las ciudades rebasó, hace algunos años, los límites de lo coherente. Agentes especuladores jugaron con la tierra, los individuos que la habitan y las relaciones que entre ambos se dan, generando habitáculos domésticos como si de pequeñas colmenas se tratasen. La intención era albergar vidas, rutinas, deseos, metas…olvidándose de las interrelaciones que de forma ancestral se han establecido entre la zona donde habitas y su entorno.

La artista multidisciplinar Lola Guerrera pone un acento sobre esta cuestión, interviniendo en una selección de postales antiguas donde se retrata paisajes urbanos de ciudades situadas en zonas costeras del mediterráneo, en momentos previos a su asedio urbanístico. Para ello, inserta estructuras geométricas a través de un juego que pretende asemejarse al propio que la actividad de la especulación posee de forma intrínseca, recordando de forma irónica como es la única actuación que puede llevar a cabo un ciudadano ante tal abuso, el mero juego. Así, Lola Guerrera en su serie “Península Inmobiliaria” se apropia de los errores de la sociedad, para incluirlos en su obra, utilizando la imagen de espacios públicos para invitar al espectador, a través de la narración artística, a hacer de este juego una voz que vaya más del mero pasatiempo.

Rocío Alés